Estimados hermanos en Cristo:
El apóstol Pablo, en su carta a las iglesias de Galacia, les dice: «Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,» (Gálatas 4:19.). Notamos el agudo sufrimiento del apóstol al saber que algunos miembros de esas congregaciones se habían desviado del camino en el cual habían sido enseñados. No es la única vez que Pablo nos expresa su preocupación y, aún más, su angustia e incluso molestia por aquellas personas que no lograban entender y vivir el evangelio tal como es de esperar de un hijo de Dios.
Lo anterior, me hace pensar en los cristianos indiferentes con los que hoy nos encontramos. ¿A qué me refiero con «cristiano indiferente»? Pues a aquel supuesto convertido que no se inmuta por el hecho de que una persona querida (hijo, hermano, amigo, etcétera) no conozca a Cristo como salvador. Es aquel creyente que no se inmuta ni le molesta el pecado flagrante de alguien que se autoproclama creyente. Me refiero a aquel cristiano que no se molesta ante las barbaridades que se leen o predican en algunos púlpitos. Él se desentiende de todo problema usando la tan conocida frase: «yo no juzgo a nadie».
Definitivamente se trata de una persona que de ser «cristiana» tiene graves problemas, porque ¿qué ocurre con su nuevo entendimiento?, ¿qué ocurre con la sensibilización que el Espíritu Santo realiza con los sentimientos de un renacido?, ¿qué del nuevo discernimiento?, ¿qué de la orden de examinarlo todo a la luz de las enseñanzas santas, rechazando lo malo?, ¿qué pasa con contender ardientemente por la fe dada a los santos?, etcétera.
Este era el problema de aquellos que en la iglesia de Corinto no se escandalizaban por la conducta incestuosa de uno de sus miembros (1ª Corintios 5:1-2); el problema de aquellos que no se inmutaban ante las conductas aberrantes que ahí se daban durante la Cena del Señor (1ª Corintios 11:27-34). Es el problema de aquellos hermanos que no se molestaban, aunque Diótrefes (3ª Juan 8:9-10) gobernara carnalmente a la congregación.
En 2ª Corintios, el apóstol Pablo reconoce a un grupo de hermanos que habían dejado de ser «indiferentes», les dice: «Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto.» (2ª Corintios 7:11).
Pastor Sergio Oschilewski Malinowski Iglesia Bíblica Las Condes
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