Muy apreciados hermanos en la fe:
En la epístola a los Hebreos leemos la seria advertencia del Espíritu: «Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones,» (Hebreos 3:7-8a).
A cuántas personas les sucede lo que le aconteció a Pedro.
Resulta que, cuando Pedro llegó a la unidad de urgencia de la clínica, le dijeron que su dolor se debía a que su apéndice se había inflamado y que el único remedio era realizar una operación de urgencia. Pedro no quedó convencido del diagnóstico y pidió que lo llevaran a otro centro de urgencia. En ese centro, ratificaron el diagnóstico anterior, pero Pedro, aún insatisfecho, decidió aguantar el dolor, y consultar con un médico que conocía muy bien, cuyos diagnósticos respetaba mucho. Fue así como dos días después fue atendido por aquel médico de confianza. Éste le dijo que efectivamente padecía una apendicitis aguda que debía ser atendida de inmediato, pues ya había claras señales de peritonitis. Sin embargo, la terquedad de Pedro, acompañada del mal consejo de amigos y parientes, le llevó a seguir buscando lo que, en realidad, ya sabía. Luego, ocurrió lo esperable: una septicemia producto del apéndice perforado que no esperó más y Pedro falleció.
Lo anterior es muy parecido a lo que ocurre con muchas personas que tienen un problema con el Señor. Escuchan la palabra en la predicación, lo leen en sus biblias y son exhortados en privado por hermanos preocupados de que haya un pronto cambio de actitud. Sin embargo, a pesar de reconocer el problema, su porfía, su dureza y falta de arrepentimiento, los lleva a buscar otras opiniones, pues se sienten atacados cuando se les enfrenta con la verdad sin darse cuenta de que su único enemigo está en sus propios y duros corazones. Dios es claro, el día de arreglar cuentas con él es hoy. De tanto postergar el acudir al llamado del Señor, finalmente, pueden ocurrir dos cosas: si la persona es un creyente, puede ocurrir que se incremente la divina represalia, provocándose repercusiones muy dolorosas e irreversibles; por otra parte, si la persona aún no ha sido redimida, puede suceder que el tiempo de arreglar cuentas termine. ¡Sí!, tan duro como se lee.
«Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él.» (Salmos 32:6). Palabras especialmente aplicables a un converso que se encuentra desviado de la ruta.
Cuán triste será el día en que «me llamarán, y no responderé; Me buscarán de mañana, y no me hallarán.» (Proverbios 1:28). Palabras particularmente para todo aquel que posterga su encuentro salvífico con Dios.
Pastor Sergio Oschilewski Malinowski Iglesia Bíblica Las Condes
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Jesucristo… preeminente en todo.